“Aquel que conserva la pureza de sus primeros años guarda la llave de la verdadera sabiduría”. Esta frase dice más de lo que parece. En la actualidad, muchos temen ser infantiles o inocentes. Vivimos en un mundo que nos obliga a endurecernos, pero Confucio nos enseña lo contrario. Una persona que abraza su infancia puede aprender, cultivar el carácter y desarrollar una relación responsable con los demás.
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¿Qué significa conservar la pureza de los primeros años?
Este concepto va mucho más allá de lo que podrías imaginar. Plantea que la honestidad, la curiosidad y la capacidad de aprender que posee un niño deben mantenerse intactas dentro de nosotros y alejadas del ego o el interés personal.
¿Por qué la infancia puede relacionarse con la sabiduría?
Para muchos, la infancia no tiene nada que ver con la sabiduría, sino todo lo contrario, pero no es así. Cuando somos niños, estamos abiertos a preguntar, observar y aceptar que todavía queda mucho por aprender. La mayoría, cuando llegan a la adultez, olvidan todo eso y creen saberlo todo, lo que termina haciendo que incluso dejen de cultivar su propio carácter.
Dicho de otra forma, crecer no tendría que significar abandonar la curiosidad. De hecho, debería ser todo lo contrario, ya que deberíamos saber que una persona puede adquirir experiencia y conocimiento sin perder la capacidad de reconocer sus propios límites.
¿Cómo aplicar esta enseñanza en la vida diaria?
Si tú quieres saber cómo aplicar esto en tu día a día, comienza con cosas simples como escuchar antes de juzgar, admitir cuando no sabemos algo, conservar la curiosidad y revisar nuestras propias decisiones. Poco a poco verás que aprender te lleva a un punto que jamás imaginaste posible y que aprender no es solo acumular información interminable en el cerebro.
