Entre los grandes filósofos que en la historia del hombre se han grabado a fuego se encuentra Santo Tomás de Aquino, un teólogo italiano perteneciente a la Orden de Predicadores, considerado el máximo representante de la escolástica y uno de los pensadores más influyentes de la Iglesia Católica.
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La Inteligencia Artificial remarca que el mayor logro de Santo Tomás de Aquino fue la síntesis entre la fe cristiana y el pensamiento racional de Aristóteles, logrando armonizar la revelación divina con la lógica filosófica. Poner el foco sobre sus premisas ayuda a analizar ciertos aspectos de nuestra vida.
¿Quién fue Santo Tomás de Aquino?
El filósofo italiano Santo Tomás de Aquino estructuró con su obra un sistema de pensamiento que define a la teología como una ciencia y establece que la razón humana puede alcanzar verdades fundamentales sobre la existencia de Dios sin contradecir la fe.
Es célebre por proponer las "cinco vías", argumentos lógicos destinados a demostrar la existencia de Dios a partir de la observación del mundo sensible (el movimiento, la causalidad, la contingencia, los grados de perfección y la finalidad).
Santo Tomás de Aquino y una frase inmortalizada
La doctrina de Santo Tomás de Aquino, conocida como tomismo, sostiene que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. En este marco, una de las frases que logró inmortalizar es la que dice “El bien puede existir sin el mal, mientras que el mal no puede existir sin el bien”.
Esta frase del filósofo italiano resume una de las piezas centrales de su metafísica y teodicea: la idea del mal como privación. Para Santo Tomás de Aquino, el mal no es una "cosa" o una sustancia con existencia propia, sino la ausencia de un bien que debería estar presente.
Con ayuda de la Inteligencia Artificial (Gemini) podemos remarcar que, en la actualidad, esta premisa de Santo Tomás de Aquino se manifiesta en la comprensión de las crisis sistémicas y sociales, donde los problemas (el mal) suelen identificarse como fallos o "agujeros" dentro de estructuras funcionales que aspiran al bienestar común (el bien).
Por ejemplo, en la ética digital o en los derechos humanos, la desinformación o la injusticia no se consideran entidades autónomas, sino distorsiones de valores preexistentes como la verdad y la equidad; de esta forma, el esfuerzo contemporáneo no busca combatir una fuerza externa "malvada", sino restaurar y fortalecer la integridad de los sistemas (ya sean democráticos, ecológicos o institucionales) que permiten que la sociedad prospere.
