Crimson Moon llega con una combinación que en papel suena brutal: combate tipo Souls, estructura roguelite, fantasía oscura y cooperativo para jugar con un amigo. Y después de probarlo, tenemos que decirlo: hay mucho potencial aquí… pero también algunos demonios que este juego todavía tiene que exorcizar.
En Crimson Moon eres un Nefilim, un híbrido entre humano y ángel que forma parte de la Orden de la Luna Carmesí. Tu misión es recuperar Gildenarch, una ciudad completamente consumida por demonios, no-muertos, vampiros y criaturas conocidas como Hellgrowth.
El combate es rápido, pesado y bastante satisfactorio. Hay ataques cuerpo a cuerpo, poderes sobrenaturales, transformaciones angelicales y ejecuciones que hacen que enfrentarte a los enemigos se sienta brutal.
El problema es que después de varias horas, la variedad de builds y enemigos puede sentirse algo limitada, por lo que algunas partidas comienzan a sentirse familiares demasiado rápido.
Visualmente, Crimson Moon es probablemente uno de sus mayores aciertos.
La ciudad tiene una estética gótica espectacular: castillos destruidos, iglesias, sangre, demonios y una enorme cantidad de detalles que hacen que cada zona tenga personalidad. La dirección artística es de lo mejor del juego junto a su banda sonora llena de metal.
Es divertido, visualmente espectacular y, sobre todo, mucho más entretenido cuando lo juegas con un amigo.