Durante años, la meditación mindfulness se ha posicionado como la solución perfecta para el estrés, la ansiedad y otros problemas de salud mental. Pero nuevas investigaciones advierten que no todo es tan positivo como parece.
De acuerdo con un artículo del psicólogo experimental de la Universidad de Coventry en Reino Unido, Miguel Farias, la atención plena —una práctica con raíces en el budismo— puede generar efectos negativos en algunas personas, incluso si no tenían problemas previos.
¿Qué es el mindfulness y por qué se ha vuelto tan popular?
El mindfulness es una forma de meditación que consiste en enfocar la atención en el presente: lo que sientes, piensas y percibes en el momento. Su facilidad se debe a que puede practicarse gratis desde casa, basta con poner un video en YouTube y dejarte guiar, por lo que se ha convertido en una tendencia global.
Sin embargo, esta popularidad también ha provocado que se promueva como una especie de “cura universal”, sin hablar mucho de sus posibles riesgos.

¿Qué efectos negativos puede tener la meditación mindfulness?
Aunque muchos la consideran inofensiva, diversos estudios han documentado efectos secundarios que no son tan raros como se cree. De acuerdo con una investigación de 2022 en Estados Unidos reveló que más del 10% de quienes practican meditación de forma regular experimentaron efectos negativos que afectaron su vida diaria durante al menos un mes.
Entre los síntomas más comunes están:
- Ansiedad
- Depresión
- Episodios psicóticos o delirios
- Sensación de irrealidad (despersonalización)
- Miedo intenso o ataques de pánico
De hecho, una revisión de más de 40 años de estudios confirma que estos efectos pueden aparecer incluso en personas sin antecedentes de problemas mentales.

¿Desde cuándo se conocen estos riesgos en la meditación?
Aunque hoy suene nuevo, no lo es. Textos antiguos de hace más de mil 500 años, encontrados en India, ya describían síntomas como ansiedad, depresión e incluso episodios psicóticos tras prácticas intensas de meditación.
Actualmente existen figuras como Arnold Lazarus advirtieron desde 1976 que la meditación, si se usa sin control, puede detonar problemas psiquiátricos graves.
Por otra parte, el mindfulness hoy en día también es una industria millonaria. Solo en Estados Unidos genera más de 2,200 millones de dólares. Expertos como Ronald Purser han criticado este fenómeno, al que llaman “espiritualidad capitalista”, donde apps, cursos y libros venden bienestar sin mencionar los riesgos.
Incluso Jon Kabat-Zinn, uno de los principales impulsores del mindfulness en Occidente, reconoció que gran parte de la investigación sobre sus beneficios tiene fallas.

¿El mindfulness funciona igual para todos?
No. De hecho, uno de los estudios más grandes sobre el tema, realizado con más de 8 mil niños en Reino Unido, encontró que la meditación no mejoró su bienestar emocional e incluso pudo perjudicar a quienes ya estaban en riesgo. Esto comprueba la idea de que el mindfulness no es una solución universal y que sus efectos dependen de cada persona.
Varios expertos consideran que no es ético promover la meditación sin advertir sobre sus posibles efectos secundarios. El problema es que muchos instructores desconocen estos riesgos o minimizan las experiencias negativas de quienes los sufren, recomendándoles seguir meditando como si nada pasara.
Por ahora, no existen guías claras sobre cómo practicar mindfulness de forma completamente segura. Lo que sí es que, como cualquier herramienta relacionada con la mente, debe usarse con información y precaución.

