La explicación de Luisa María Alcalde para negar que Morena haya presentado una “lista negra” de periodistas terminó abriendo otra pregunta: ¿por qué ponerle un nombre tan rebuscado a algo que, en esencia, describe cómo funciona internet?
La titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia respondió a las críticas asegurando: “No es el caso”, en referencia a que hubiera presentado una supuesta lista de periodistas enemigas del Gobierno.
Según Alcalde, lo mostrado fue “un análisis sobre cómo funciona un ecosistema digital de amplificación artificial de tendencias y quiénes aparecen”.
El problema es que, detrás de esa etiqueta, la explicación resulta bastante más sencilla, una persona publica algo, otros usuarios lo retoman, el contenido se conecta con una narrativa y, si consigue suficiente interacción, termina volviéndose viral.
Es falso que se hayan emitido “listas negras”.
— Luisa Alcalde (@LuisaAlcalde) August 14, 2026
Ante algunas reacciones al programa de ayer de Derecho de Réplica, aquí va la aclaración: pic.twitter.com/elLz3j6s5o
¿Qué quiso decir Morena con “ecosistema de amplificación”?
Alcalde explicó que “una noticia, una opinión o una publicación se puede emitir por un periodista, medio o político” y aclaró que eso no significa que esa persona forme parte de una operación.
Hasta ahí, el planteamiento parece lógico. El asunto cambia cuando describe lo que ocurre después.
“Otras cuentas anónimas que hemos denominado trolls retoman el contenido de estos medios o políticos. Lo replican, lo conectan con una narrativa coordinada para posicionar tendencias”, señaló.
Después, según la funcionaria, una red digital o bots se encarga de multiplicar esos contenidos hasta convertirlos en una conversación de millones de publicaciones.
Y aquí aparece el primer punto cuestionable: la explicación de cómo se mueve un contenido en redes no es, por sí misma, una prueba de una operación artificial.
Que una publicación sea retomada, comentada y compartida miles de veces forma parte del funcionamiento cotidiano de internet. Para demostrar una operación coordinada se necesitan datos que permitan saber quién está detrás, cómo se organiza y quién la financia.
¿Por qué Morena insiste en que no es una “lista negra”?
Alcalde fue tajante: “No hay listas negras ni decimos que los medios estén financiando bots o trolls”.
Pero la polémica no surgió únicamente por decir que los medios financian cuentas falsas. El problema está en que desde una plataforma gubernamental se mostraron nombres de periodistas, medios y figuras públicas dentro de un esquema que el propio Gobierno presentó como parte de una supuesta estrategia de amplificación.
La funcionaria incluso reconoció que “lo que aseguramos es que hay gente que sí está financiando y es evidente y la gente tiene derecho a saber este tipo de fenómenos”.
Entonces si existe gente financiando esas redes, ¿quién es, cuánto paga y cuáles son las pruebas? Cambiar “lista negra” por “ecosistema de amplificación artificial” no resuelve esa duda.
¿Qué es realmente lo que tendría que demostrar el Gobierno?
La discusión de fondo no debería estar en cómo se llama la lista, sino en si existe una red coordinada y quién la financia.
Si existen cuentas falsas, bots, trolls, operadores y recursos destinados a impulsar artificialmente determinadas tendencias, el Gobierno tendría que mostrar evidencia verificable, quién paga, cuánto dinero se utiliza, cómo se coordinan las cuentas y qué relación existe entre ellas.
Alcalde puso como ejemplo el supuesto recorrido de una publicación: “Aquí está el medio. La noticia primera plana se retoma por este troll, se editorializa y luego explota a través de los bots”.
El gobierno de Sheinbaum miente y persigue voces incómodas.
— Manuel Lopez San Martin (@MLopezSanMartin) August 13, 2026
“Nosotros no hacemos listas (…) eso es fascismo”, decía.
Mintió.
¿Esos que hacen listas negras son los que quieren una ley de “derechos de las audiencias” que “no va a censurar”?
¿Quién les puede creer?
Mentirosos. pic.twitter.com/zOTt97KOP2
Ese recorrido puede investigarse y documentarse. Pero describirlo no basta para demostrar que cada persona o medio que aparece al principio del camino forma parte de la operación.
La presentación ocurre en un contexto especialmente delicado para los medios y periodistas críticos del poder. Por eso, exhibir nombres desde una plataforma gubernamental genera preocupación, incluso cuando después se aclara que esas personas “no forman parte de ninguna operación”.
El fondo del asunto no se resuelve con cambiarle el nombre a la polémica. Esto solo muestra que la libertad de expresión en México, cada vez está más en riesgo.
Si existe una red de manipulación digital, que se documente y se presenten las pruebas. Y si lo que se está describiendo es simplemente cómo una noticia pasa de una cuenta a otra hasta hacerse viral, entonces resulta difícil entender por qué había que convertirlo en un elaborado “ecosistema de amplificación artificial”.
Porque al final, entre una “lista negra” y un nombre técnico, hay una diferencia importante: el nombre puede cambiar; los nombres que fueron exhibidos, no.
