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Negociar bajo la sombra de la coerción: por qué Washington no logra entender a México

Detrás de las amenazas de Donald Trump y la directiva militar contra cárteles se esconde la incapacidad de Washington para entender la realidad de México.

Donald Trump negocia con México a través de la coerción
|Reuters

A un año de la emisión de la directiva que ordenó al Departamento de Defensa de los Estados Unidos combatir militarmente a las organizaciones del narcotráfico en América Latina, los resultados prácticos de la medida continúan siendo nulos en el combate estructural al crimen organizado. La estrategia impulsada por el presidente Donald Trump, lejos de desmantelar las redes financieras o de distribución del fentanilo, responde a una dinámica histórica de coerción donde Washington busca proyectar dominación e incertidumbre hacia México, vendiendo a su electorado una "crisis mexicana" en lugar de asumir una solución integral en Norteamérica.

La visión estadounidense suele ignorar las reglas no escritas de la cultura y la diplomacia mexicana, las cuales están profundamente moldeadas por una historia y un contexto social distintos a los de su vecino del norte. En el terreno público y en redes sociales como Truth Social, el discurso de la administración de Donald Trump busca desstabilizar la postura de México para hacer creer a los inversionistas que la relación bilateral no está bajo control; sin embargo, en las negociaciones a puerta cerrada el pragmatismo revela una interdependencia absoluta que Estados Unidos no puede romper sin dinamitar su propia competitividad global.

Interdependencia económica y competitividad frente a Asia

A pesar del discurso proteccionista que sostiene que el resto del mundo "se aprovecha" de la economía estadounidense, la realidad comercial demuestra que Estados Unidos no es una potencia autosuficiente. Con un comercio exterior que representa aproximadamente el 17% de su Producto Interno Bruto (PIB), la economía estadounidense depende de sus socios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) para mantener la productividad industrial frente al avance de China. El sector automotriz es el mayor ejemplo: las cadenas de suministro integradas y la inversión manufacturera en territorio mexicano garantizan el liderazgo de la región en el mercado internacional.

Esta dependencia no es únicamente industrial, sino también alimentaria y de consumo diario. Estados Unidos carece de la capacidad de producción agrícola para abastecer su propia demanda de productos frescos, dependiendo del flujo constante de frutas y verduras producidas en México —como el aguacate y el jitomate— que destacan por su volumen y estándares de calidad. Cualquier interrupción forzada en este intercambio afectaría directamente el costo de vida de los consumidores estadounidenses.

Las áreas de interdependencia crítica en la relación bilateral

Esta compleja agenda entre ambas naciones se sostiene sobre tres ejes fundamentales de interdependencia. En primer lugar, la dimensión del comercio y la productividad, donde la integración del T-MEC frente a China, la solidez de las cadenas del sector automotriz y el abasto agrícola continuo garantizan el funcionamiento de la economía norteamericana.

En segundo lugar, el ámbito de la seguridad y salud pública, donde el consumo de drogas representa un problema de responsabilidad compartida que no podrá resolverse mientras Estados Unidos no detenga el tráfico ilícito de armas de alto calibre que cruzan de manera ininterrumpida hacia el sur.

Finalmente, el eje de migración y derechos humanos, actualmente amenazado por la reapertura de un tribunal de 1996 destinado a deportaciones exprés que pone en riesgo directo a residentes legales mexicanos en territorio estadounidense.

Narcotráfico, tráfico de armas y la reapertura de tribunales antiterroristas

En el ámbito de la seguridad, la administración estadounidense insiste en abordar el problema de las adicciones como un dilema exclusivamente extranjero, omitiendo la implementación de programas internos de salud pública para adictos o campañas efectivas que detengan el flujo ilícito de armas de alto calibre que cruzan desde Estados Unidos hacia los cárteles mexicanos. La caída de capos históricos como Joaquín 'El Chapo' Guzmán o Ismael 'El Mayo' Zambada ha demostrado que la eliminación de liderazgos no altera la pureza ni detiene la producción de drogas, pues los mercados criminales se regeneran ante la falta de fortalecimiento de las instituciones judiciales y fiscales.

Sumado a la amenaza de acciones militares unilaterales, el gobierno de Donald Trump ha reactivado un mecanismo judicial creado en 1996 —inactivo durante casi tres décadas por severas dudas sobre su constitucionalidad— diseñado originalmente para procesar y deportar a sospechosos de terrorismo mediante audiencias secretas donde las defensas no pueden revisar las pruebas en su contra. La ampliación de esta figura legal abre la puerta a que ciudadanos mexicanos, incluidos residentes legales en Estados Unidos, sean procesados sin debido proceso ni posibilidades efectivas de apelación, una medida que emula las estructuras de detención utilizadas en Guantánamo y que amenaza con fracturar de forma definitiva la cooperación diplomática entre ambas naciones.

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