Arturo se convirtió en el sacaborrachos de su casa, aunque no le parece justo pues no es su obligación. Arturo vive con su hijo en una casa que le perteneció a su padre; sin embargo, al fallecer su mamá, el inmueble quedó intestado. Eventualmente, Arturo y su hermano acordaron que Brandon y Kevin, sus sobrinos, vivirían en su casa, pero los problemas llegaron pronto. Arturo no está dispuesto a cargar con responsabilidades que no le corresponden y mucho menos con las adicciones de sus sobrinos.