Rosa llega preocupada y molesta a la clínica de emociones por la actitud de su hijo David, pues al enterarse de que él no es el verdadero padre de Diego, sólo piensa en recuperar el dinero que él invirtió en su manutención. Rosa quiere seguir tratando a Diego como su abuela y, junto a los especialistas, analizan las posibilidades del futuro de Diego. María advierte que no dejará que la alejen de su hijo Diego.