Recientemente, dentro de las clases del Mundo MasterChef 24/7, el uso de menudencias y embutidos puso a prueba la creatividad de los cocineros. Entre los ingredientes más controvertidos pero llenos de sabor destaca el embutido de sangre, una preparación que despierta pasiones en la mesa y que recibe distintos nombres e interpretaciones según el rincón del mundo donde se elabore.
Aunque a simple vista la morcilla y la moronga parecen lo mismo —al compartir una base de sangre, grasa de cerdo, especias y en ocasiones arroz o frutos secos—, su principal diferencia radica en el origen geográfico, los condimentos locales y la manera de integrarse a la identidad culinaria de cada región.
¿Cuál es la diferencia entre morcilla y moronga?
De acuerdo con información compartida por Larousse Cocina, en España se le conoce universalmente como morcilla, destacando la emblemática versión de Burgos, la cual cuenta con Denominación de Origen Protegida. Tras su llegada a nuestro continente durante la Conquista, el embutido arraigó con fuerza en países como México, Argentina, Perú y Venezuela, adoptando matices únicos y una popularidad indiscutible gracias a su alto contenido de hierro.
En el centro de México es común llamarla moronga o rellena. En las fondas tradicionales y mercados como La Merced suele ofrecerse en guisados especiales, mientras que en las taquerías de barrio se sirve frita en tacos acompañados de una buena salsa roja. La versatilidad de la moronga en México es tan vasta como la gastronomía de sus estados:
Michoacán: Conocida también como zoricua, existen versiones donde se prepara con sangre de pollo o se combina con trozos de tripa en salsa de jitomate y chile serrano.
Hidalgo y Tlaxcala: Dado el constante aprovechamiento del ganado para la barbacoa, es habitual encontrar variantes elaboradas con sangre de chivo o borrego.
Diversidad de nombres: En Oaxaca se le llama popularmente sangre de res, mientras que en el sur del país se le conoce como mormollo.