El filósofo escocés David Hume sostenía que “la razón es la esclava de las pasiones”, una frase que cuestiona la idea de que las personas toman sus decisiones únicamente después de analizar lo que más les conviene.
Para Hume, la razón puede ayudarnos a encontrar los medios para alcanzar un objetivo, pero son nuestros deseos, emociones e inclinaciones los que, en buena medida, determinan qué objetivos perseguimos, según señala el Repositorio Institucional Séneca. Lo interesante es que esta idea aparece en situaciones cotidianas mucho más de lo que parece.
¿Qué significa que la razón sea la esclava de las pasiones?
Cuando Hume habla de las pasiones no se refiere únicamente al amor o a la ira. El concepto abarca deseos, sentimientos, preferencias, aversiones y motivaciones que influyen en nuestra conducta.

La razón, desde esta perspectiva, sirve para analizar hechos, establecer relaciones entre ellos y descubrir qué medios pueden ayudarnos a conseguir algo. Sin embargo, por sí sola no establece qué debemos desear.
Por ejemplo, una persona puede saber perfectamente que debería ahorrar dinero y comprender las consecuencias de gastar de más. Aun así, si desea comprar algo que le produce satisfacción inmediata, ese deseo puede terminar influyendo en su decisión. La razón puede calcular cuánto dinero tiene y cuánto le quedará después de la compra; la pasión es la que hace que esa compra le importe.
Ahí aparece la idea central de Hume: pensar racionalmente no siempre es lo que pone en movimiento nuestras acciones.
Cómo aplica esta frase de David Hume en la vida cotidiana
La reflexión de Hume puede observarse en decisiones aparentemente pequeñas. Cuando alguien permanece despierto hasta tarde viendo una serie aunque sabe que debe levantarse temprano, existe una diferencia entre lo que reconoce racionalmente y aquello que desea hacer en ese momento.

Algo similar ocurre con la comida, las compras o incluso las relaciones personales. Una persona puede conocer las ventajas de elegir una opción determinada y, aun así, inclinarse por otra porque le produce mayor satisfacción, seguridad o entusiasmo.
También sucede cuando sentimos miedo. Podemos comprender racionalmente que una situación no representa un peligro tan grande como imaginamos, pero la emoción puede llevarnos a evitarla. La razón identifica los datos; la emoción puede determinar qué hacemos con ellos.
Esto no significa que Hume considerara inútil a la razón. Al contrario, su planteamiento permite entender que razón y pasiones cumplen funciones diferentes. La razón puede ayudarnos a descubrir cómo conseguir aquello que queremos, mientras que nuestros deseos contribuyen a determinar qué queremos conseguir en primer lugar.
Una frase que cuestiona cómo tomamos decisiones
La idea de Hume resulta especialmente interesante porque rompe con la imagen de una persona que primero analiza todos los datos y después decide de manera completamente racional.
En la vida real, muchas decisiones comienzan con una preferencia, un deseo o una emoción. Después utilizamos argumentos para justificar, organizar o alcanzar aquello que queremos. Por eso, la frase “la razón es la esclava de las pasiones” puede entenderse como una reflexión sobre la influencia que tienen nuestras motivaciones en las decisiones que tomamos cada día.
¿Quién fue David Hume?
David Hume (1711-1776) fue un filósofo, historiador y ensayista escocés, considerado una de las figuras más importantes de la Ilustración escocesa y del empirismo. Nació en Edimburgo y dedicó buena parte de su obra a estudiar el conocimiento, la experiencia, la moral y la naturaleza humana.
Entre sus principales trabajos se encuentran Tratado de la naturaleza humana, publicado entre 1739 y 1740, y Investigación sobre el entendimiento humano. Sus reflexiones sobre las pasiones y la razón influyeron profundamente en la filosofía posterior, según recopila El Clarín.
