La sociedad civil representa el último bastión frente a los abusos del poder. En países como Cuba y Venezuela, la persecución estatal y el desmantelamiento sistemático de contrapesos han demostrado que, cuando se acalla a la ciudadanía y a las organizaciones independientes, una nación puede caer bajo el totalitarismo como fichas de dominó.
Exiliados de ambos países, como los cubanos Jorge Fernández y Yovanni Díaz, recuerdan que en sus tierras de origen criticar al régimen o publicar un meme puede costar la cárcel o la vida, despojando al pueblo de su dignidad y del derecho fundamental a debatir.
Por su parte, la activista venezolana Farida Acevedo vivió en carne propia la represión del régimen de Nicolás Maduro cuando su ONG de derechos humanos fue confiscada sin juicio ni derecho a la defensa. Hoy, desde el exilio en México, estos defensores advierten con preocupación los pasos que se dan en el país para restringir libertades, censurar voces críticas y debilitar los contrapesos institucionales. Como bien lo advirtió Martin Luther King, la peor tragedia no es la opresión de los malos, sino el estridente silencio de los buenos; por ello, instan a los mexicanos a defender la libertad de expresión antes de que sea demasiado tarde.