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Explosión en Puebla exhibe negocio millonario del robo de gas; Tepeaca vuelve al centro de la crisis

La explosión en Puebla volvió a exhibir el negocio del robo de gas; Tepeaca figura entre las zonas con más tomas clandestinas y actividad de huachigas.

La explosión registrada en una bodega de Tepeaca, Puebla, no solo provocó evacuaciones masivas y movilización de cuerpos de emergencia; también volvió a colocar bajo los reflectores una actividad ilícita que desde hace años opera en la región: el robo de gas LP, conocido popularmente como huachigas.

El estallido ocurrió en un predio donde presuntamente eran almacenadas pipas cargadas con combustible extraído de manera ilegal; la fuerza de las detonaciones obligó a desalojar viviendas, centros educativos y un hospital cercano, mientras columnas de fuego y humo eran visibles desde distintos puntos del municipio.

Puebla concentra la mayor parte del robo de gas en México

Más allá de la emergencia, el caso reactivó la atención sobre un fenómeno que mantiene a Puebla entre los principales focos rojos del país; diversos reportes ubican a la entidad como una de las zonas con mayor incidencia de tomas clandestinas vinculadas al robo de gas LP.

Municipios del llamado Triángulo Rojo, así como regiones cercanas a la zona metropolitana poblana, aparecen constantemente en operativos y aseguramientos relacionados con esta actividad. Entre ellos destaca Tepeaca, donde con frecuencia se han localizado instalaciones, vehículos y equipos presuntamente utilizados para el almacenamiento y distribución ilegal del combustible.

La problemática no se limita a las pérdidas económicas. Las autoridades y especialistas han advertido en distintas ocasiones que el manejo clandestino de gas representa un riesgo permanente para las comunidades cercanas, debido a la posibilidad de fugas, incendios y explosiones de gran magnitud.

El huachigas mueve millones y sigue generando riesgos

El mercado ilegal del gas LP se ha convertido en uno de los negocios criminales más lucrativos en diversas regiones del país; el combustible robado suele ser almacenado, transportado y comercializado fuera de los canales autorizados, lo que incrementa los riesgos para trabajadores, habitantes y automovilistas.

La explosión de Tepeaca volvió a evidenciar las consecuencias que pueden derivarse de estas operaciones clandestinas; aunque las investigaciones continúan para determinar responsabilidades, el caso reabre el debate sobre la magnitud del robo de gas en Puebla y los desafíos que enfrentan las autoridades para contener una actividad que sigue representando un peligro para miles de personas.

Mientras avanzan las indagatorias, la atención permanece puesta en Tepeaca, un municipio que nuevamente aparece ligado a uno de los principales problemas de seguridad energética que enfrenta México.

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