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De la ideología a la hipoteca: Marx Arriaga vende su patrimonio tras despido de la SEP

De imponer ideología en los libros de texto a lloriquear por los intereses del banco. Analizamos la caída de Marx Arriaga y la lección matemática que el capitalismo real le acaba de dar.

El exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga, recordado por la polémica implementación de los libros de texto gratuitos con ideología comunista y severos errores matemáticos e históricos, se encuentra rematando su propiedad inmobiliaria ubicada en Ciudad Juárez, Chihuahua. De acuerdo con declaraciones emitidas por el propio exfuncionario, la decisión de vender el inmueble responde a la imposibilidad financiera de cubrir los intereses bancarios acumulados tras perder el salario de 136 mil pesos mensuales que percibía en la dependencia federal.

Arriaga, quien protagonizó un episodio de resistencia institucional al atrincherarse en las oficinas de la SEP tras ser destituido por ineficiencia laboral, argumentó que atraviesa complicaciones económicas debido a que la institución educativa no le ha depositado los montos económicos que reclama como compensación por su salida de la administración pública.

Opinión de Lucy Bravo sobre Marx Arriaga

Qué rápido se le acabó la revolución a Marx Arriaga. El apóstol del comunismo, el hombre que desde la SEP quiso inocular su ideología en los libros de texto de millones de niños, el que despreció a especialistas, impuso su santa voluntad y se convirtió en uno de los principales responsables del deterioro educativo que hoy padecen millones de estudiantes. El mismo que, tras ser destituido, se atrincheró en su oficina en un episodio tan vergonzoso como insólito, hoy aparece lloriqueando porque no puede pagar la hipoteca.

Dice que la SEP no le ha pagado lo que reclama y por eso está rematando su casa, pero hay un problema: Marx Arriaga debería saber, mejor que nadie, que un cargo de confianza en el gobierno federal no genera un finiquito como él pretende hacer creer. La ironía es que después de despreciar el conocimiento e imponer su ideología tóxica sobre la educación, terminó recibiendo la lección más elemental de todas: las finanzas personales sí existen.

Los intereses del banco no se pagan con consignas, las hipotecas no pueden financiarse con discursos anticapitalistas y las matemáticas, por más que incomoden a los revolucionarios de escritorio, siempre terminan cuadrando. Al parecer, eso de que “amor con amor se paga” suena muy bonito, hasta que se te acaba el hueso y ya no puedes vivir del erario a costa de los mexicanos que sí trabajan. Porque una cosa es jugar al revolucionario cuando se vive del presupuesto y otra muy distinta es descubrir que, en el mundo real, el banco no acepta propaganda como forma de pago. Bienvenido al México real, Marx; es en el que millones de mexicanos salen todos los días a partirse la cara para sacar adelante a su familia y que no conocen los privilegios de vivir engañando al pueblo con 200 pesos interminables en la bolsa.

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