En el país en el que vivimos, ser la voz de quienes piden justicia nos obliga, como medio de comunicación, a mantener un compromiso con la verdad. Pese a la censura o medidas que buscan “regular” lo que se informa, callar a México no es una opción, mucho menos cuando se trata de acompañar a las madres víctimas de feminicidio.
Les apagaron sus sueños y les quitaron sus voces, pero la tarea será siempre visibilizar la violencia feminicida, aun cuando la verdad incomode, hasta que se haga justicia, porque ni una más.