A las 18:04 horas, el tiempo pareció detenerse en Venezuela. Primero fue un terremoto que hizo vibrar edificios, romper ventanas y sembrar el pánico entre miles de familias. Apenas unos segundos después llegó el doble golpe, todavía más intenso.

Una fuerza devastadora que dejó a su paso una estela de destrucción que convirtió a Venezuela en escenario de una de las peores tragedias naturales de los últimos años.

El primer sismo de magnitud 7.2 tuvo su epicentro cerca de San Felipe, en el estado de Yaracuy. Minutos después, un segundo terremoto de 7.5 sacudió la misma región con epicentro en las inmediaciones de Yumare, provocando el colapso de edificios, carreteras y viviendas en varias ciudades del país.

“No hay nada que recuperar” La Guaira devastada por los terremotos

Las autoridades venezolanas elevaron el saldo preliminar a 235 personas muertas y más de 4 mil heridos, mientras continúan las labores de búsqueda entre montañas de concreto.

Equipos de rescate trabajan contrarreloj para localizar sobrevivientes atrapados bajo los escombros, aunque las esperanzas se reducen a nada conforme pasan las horas.

De acuerdo con el ministro de Salud, Carlos Alvarado, cientos de personas fueron rescatadas con vida durante las primeras horas posteriores al desastre. Sin embargo, miles de familias permanecen sin conocer el paradero de sus seres queridos.

Entre los desaparecidos hay niños, bebés, adultos mayores y mascotas que quedaron atrapados cuando decenas de edificios colapsaron.

El chavismo ayudó a la destrucción de Venezuela

La devastación que hoy enfrenta Venezuela no solo es consecuencia de los dos poderosos terremotos que sacudieron al país. El impacto de la tragedia también refleja años de crisis económica y decisiones políticas que dejaron a la nación con una infraestructura vulnerable y una limitada capacidad de respuesta ante desastres naturales.

Hospitales con carencias, edificios viejos, servicios públicos deteriorados y cuerpos de emergencia con recursos insuficientes han complicado las labores de rescate y la atención de miles de damnificados.

Mientras Venezuela intenta levantarse entre los escombros, miles de familias enfrentan la incertidumbre. Las cifras de víctimas continúan en aumento y los rescatistas mantienen la esperanza de encontrar sobrevivientes.