El régimen de Irán ha puesto en marcha uno de los operativos logísticos y de seguridad más masivos de su historia reciente para llevar a cabo los funerales de Estado del líder supremo Alí Khamenei, asesinado hace cuatro meses al inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel. Las ceremonias se extenderán durante una semana completa a lo largo de cinco ciudades en dos países (Irán e Irak), coincidiendo de manera intencional con el mes sagrado de Muharram y con el 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos, enviando un mensaje directo de supervivencia y desafío político a Washington.
Este evento busca superar los caóticos funerales históricos del ayatolá Khomeini en 1989 y del general Qasem Soleimani en 2020, los cuales terminaron en trágicas estampidas. Para poder controlar a la multitud que el gobierno esperaba de entre 4 y 15 millones de personas, las autoridades cerraron aeropuertos, prohibieron la circulación de vehículos privados en Teherán y movilizaron al ejército, ambulancias y drones de vigilancia. Además, se instalaron miles de aspersores de agua para mitigar el intenso calor de julio y la fuerza paramilitar Basij ordenó la producción de 50 millones de piezas de pan en panaderías móviles para alimentar a los asistentes. El recorrido del féretro culminará el 9 de julio con el entierro en el santuario de Imam Reza, en Mashhad, la ciudad natal del fallecido líder.