La situación operativa dentro del Hospital Enrique Cabrera, del IMSS Bienestar en la capital del país, se encuentra en un estado de extrema precariedad. A pesar de los discursos oficiales sobre la incorporación de miles de profesionales de la salud a las instituciones públicas, los trabajadores de este centro médico afirman que dichos refuerzos jamás se han presentado en las instalaciones.
En la entrada principal del edificio, un letrero advierte a los usuarios sobre la ausencia de medicamentos, herramientas clínicas y capital humano. Al revisar las áreas de almacenamiento, los anaqueles lucen vacíos; no se cuenta con elementos de primera necesidad como agujas de inyección, guantes para revisiones físicas ni tratamientos administrados por vía oral, encontrándose agotados fármacos de uso diario como el omeprazol.
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Esta problemática se traslada de igual manera a los espacios destinados a la atención de emergencias y pacientes graves. Miembros del personal hospitalario manifestaron de forma anónima que la carencia de sustancias químicas para la sedación profunda es alarmante, afectando directamente a los enfermos que ingresan en condiciones de salud críticas.
El desabasto golpea la disponibilidad de anestésicos y relajantes musculares indispensables para procedimientos de alta complejidad, señalando de manera específica la ausencia total de medicamentos como Propofol, Vecuronio y Rocuronio, lo que eleva el riesgo durante las intervenciones médicas.
Infraestructura hospitalaria en el abandono
El deterioro del inmueble no se limita a los almacenes de farmacia, sino que afecta la estructura física de los espacios de labor diaria. El personal médico desempeña sus funciones en áreas críticas donde las camas de hospitalización están inservibles y los sistemas de elevadores permanecen fuera de servicio, entorpeciendo el traslado interno.
Asimismo, los sanitarios y lavamanos se encuentran completamente inutilizables, las regaderas muestran reparaciones provisionales y defectuosas, mientras que los muros interiores exhiben filtraciones de agua y múltiples perforaciones.
Según testimonios de los propios trabajadores, esta debacle en los servicios e instalaciones del hospital comenzó a agudizarse de manera progresiva desde el periodo de la gestión gubernamental de Andrés Manuel López Obrador.
Deficiencias sanitarias y brotes bacterianos
Durante el mes de marzo de este año, las autoridades de la clínica ejecutaron diversas obras de remodelación y mantenimiento arquitectónico.
Sin embargo, las faenas se realizaron sin implementar protocolos para resguardar la salud de las personas internadas; el esparcimiento de polvo derivado de las construcciones propició la aparición de afecciones médicas. Los empleados denunciaron que los directivos impiden realizar las labores de limpieza profunda y desinfección exhaustiva requeridas antes de ingresar a nuevos pacientes a las salas.
La falta de condiciones higiénicas adecuadas ha desencadenado la propagación de infecciones intrahospitalarias graves. Actualmente, el centro de salud enfrenta una emergencia sanitaria interna debido a la presencia de un brote de la bacteria conocida como Clostridium.
De acuerdo con los datos aportados por los propios trabajadores del hospital, se tiene registro de por lo menos entre 4 y 5 pacientes contagiados bajo este panorama. Aunque médicos y enfermeras mantienen la continuidad de los servicios de salud, la carencia absoluta de herramientas operativas genera afectaciones directas cuyo costo recae por completo en la seguridad de los pacientes.