El Espinazo del Diablo, en Durango, se ubica en lo alto de la Sierra Madre Occidental y ofrece panoramas impresionantes: precipicios de más de 2 mil metros a ambos lados y un paisaje que parece sacado de otra época.
El tramo escénico conecta la carretera libre Durango–Mazatlán y recorre apenas 8 kilómetros que, por su geografía, demandan atención constante y pericia al volante.
¿Qué tan peligrosa es la carretera El Espinazo del Diablo?
Aunque mide solo 8 kilómetros, la sección resulta peligrosa por sus bordes y pasos estrechos. Conductores locales y transportistas reportan que la carretera corre por el filo de la montaña, con voladeros a ambos lados y cruces donde ya ocurrieron accidentes.
Las curvas cerradas y continuas complican la maniobra, por lo que cualquier descuido puede terminar en siniestro. Muchos tramos carecen de amplias zonas de frenado y las barreras naturales no siempre evitan caídas.
Curvas y acantilados: los mayores riesgos de la ruta libre Durango-Mazatlán
El trayecto suma más de 3 mil curvas cerradas que obligan a reducir la velocidad y mantener distancia entre vehículos. La vía sirve principalmente al transporte de carga y tráilers, lo que añade complejidad: camiones largos enfrentan radios de giro complicados y zonas con desprendimientos de piedra.
Operadores con décadas de experiencia recomiendan precaución extrema; señalan piedras que bajan desde las faldas de la montaña y pueden caer sobre la carpeta asfáltica en cualquier momento.
Atractivos turísticos cerca de El Espinazo del Diablo
Además del riesgo, la ruta regala paisajes únicos. Parajes como Los Laureles, en Pueblo Nuevo, presentan escenarios casi surrealistas. A poca distancia se encuentra Mexquillo, famoso por su jardín de enormes formaciones de piedra volcánica que evocan el antiguo mar de Tetis.
También hay vestigios de infraestructura, como túneles y vías ferroviarias abandonadas del proyecto de tren que quedó inconcluso cuando, en los años cuarenta, se priorizó la carretera. Muy cerca pasa el moderno puente Baluarte, el puente atirantado más alto de Latinoamérica, que ofrece una alternativa más segura y simboliza la llegada de la modernidad a la región.