El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, llegó a un acuerdo de cooperación nuclear con Arabia Saudita. El pacto, conocido formalmente bajo el marco del Acuerdo 123, no solo busca inyectar miles de millones de dólares a la industria energética estadounidense, sino que abre la posibilidad de que la nación árabe pueda enriquecer uranio en su propio territorio.
La firma del documento representa un esfuerzo directo de Washington por afianzar la alianza estratégica con el príncipe heredero Mohammed bin Salman, en un contexto marcado por la alta tensión militar y el conflicto abierto con Irán.
Trump has approved a nuclear deal with Saudi Arabia that could lead to the kingdom enriching its own fuel for civilian reactors, US official says.https://t.co/LFrKnUjCrB pic.twitter.com/4AFfrqAoRh
— CNN (@CNN) July 22, 2026
Lo que preocupa al Congreso de EU y a Israel
A diferencia de pactos anteriores firmados en la región —como el establecido con los Emiratos Árabes Unidos en 2009, considerado el "estándar de oro" por prohibir expresamente el enriquecimiento local y exigir inspecciones estrictas—, este nuevo marco incluye concesiones significativas:
- Enriquecimiento propio: Permite que, tras un estudio económico conjunto, Arabia Saudita pueda procesar uranio o reprocesar plutonio en su suelo.
- Inspecciones limitadas: El entendimiento podría restringir el acceso de los inspectores internacionales de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) a ciertas instalaciones estratégicas.
- Anexos confidenciales: El texto incluye dos cartas laterales secretas con información clasificada sobre seguridad nacional y acuerdos comerciales que no han sido reveladas en su totalidad.
Estas condiciones han desatado duras críticas entre legisladores demócratas y republicanos en el Capitolio, así como en sectores del gobierno de Israel, donde existe el temor fundado de que el reino termine desarrollando armamento atómico como contrapeso a las capacidades nucleares de Irán.
Surge en medio de la guerra con Irán
Las negociaciones entre Washington y Riad llevaban años sobre la mesa. Durante la administración de Joe Biden, el proyecto estaba condicionado a que Arabia Saudita reconociera diplomáticamente al Estado de Israel. Sin embargo, tras la escalada del conflicto en la región iniciada en octubre de 2023, el presidente Donald Trump decidió desvincular ambos temas para avanzar de forma independiente.
Aunque el acuerdo debe pasar por la revisión del Congreso de Estados Unidos, es poco probable que la oposición logre la mayoría calificada necesaria para vetar la iniciativa presidencial.
De concretarse, empresas estadounidenses como Westinghouse liderarán la construcción de la infraestructura técnica en suelo saudí, y esto permitirá la consolidación un nuevo mapa de alianzas energéticas y militares en Medio Oriente.
