Este miércoles 10 de junio, uniendo la fe, el arte y su influencia en la política mundial, el Papa León XIV presidió este miércoles 10 de junio una misa en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona repleta de simbolismos.
En el quinto día del primer viaje del Papa a España sobresalió el momento de la esperada bendición de la Torre de Jesucristo, la aguja central y más alta del templo que redefine para siempre el perfil urbano (skyline) de la capital catalana y la convierte, de manera oficial, en la iglesia más alta de todo el planeta.
Ante una imponente representación del Estado español —que incluyó a los Reyes de España, al presidente del Gobierno Pedro Sánchez, al presidente de la Generalitat Salvador Illa y al alcalde de Barcelona Jaume Collboni— el sermón del Papa ofreció estuvo cargado de simbolismo y crítica social, intercalando mensajes directos en catalán mostrando la proximidad que lo caracteriza.
Nella Sagrada Família si attende #PapaLeoneXIV che celebra la Messa nel centenario della morte di Gaudì, l'architetto di Dio. Il Pontefice inaugurerà la Torre di Gesù pic.twitter.com/jwTr0QbXY1
— Vatican News (@vaticannews_it) June 10, 2026
Escogió hoy, 10 de junio, un día histórico
La fecha escogida para esta misa histórica tiene dos motivos que la vuelven irrepetible y muy atinada:
- El centenario luctuoso de Antoni Gaudí (1926-2026): La misa y la posterior bendición de la torre central coinciden con la conmemoración exacta de los 100 años del fallecimiento del célebre arquitecto modernista, sepultado en la cripta del propio templo. El Papa rindió tributo a Gaudí llamándolo "arquitecto ardiente de fe" y definiendo la basílica como una Biblia pauperum (la biblia de los pobres), una colosal catequesis hecha de piedra, luz y color donde el ingenio humano responde a la creación divina.
- Está casi terminada la catedral: Con la colocación y bendición de la gran cruz luminosa que corona la aguja de Jesucristo, el templo alcanza su máxima cota de altura. En palabras del Pontífice, este acontecimiento no busca "destacar en clasificaciones mundanas", sino funcionar como una lámpara encendida y un "faro abierto al Mediterráneo" que guíe a los creyentes católicos.
"Una obra en construcción": La analogía del Papa
Continuando el legado de Benedicto XVI, quien consagró el templo en el año 2010, León XIV utilizó el estatus inconcluso de la basílica para lanzar una profunda analogía sobre la Iglesia contemporánea y la condición humana:
"Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, lo que nos recuerda que la vida cristiana es siempre un camino. No habitamos una obra inacabada; su imperfección no es un defecto, sino que expresa una promesa". El Papa invitó a los fieles a considerarse a sí mismos "piedras vivas" de un proyecto espiritual continuo que se edifica día con día a través de las acciones cotidianas.
Condenó las guerras e hizo llamado a la paz
A pesar de la atmósfera festiva en el interior de la basílica y en las afueras —donde cientos de fieles abarrotaron la plaza de les Glòries para seguir el evento a través de pantallas gigantes—, el Pontífice no dejó pasar la oportunidad para confrontar las grandes crisis que golpean al mundo moderno en el contexto internacional actual.
Enérgico y frontal, León XIV exigió coherencia entre la fe religiosa y las posturas políticas del bloque occidental: "No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria", haciendo alusión a las guerras actuales, en Ucrania, Medio Oriente, África y el resto del mundo.
Este reclamo a la sociedad no fue el primero del día. Tras visitar la mística abadía de Montserrat, el Papa acudió a la modesta iglesia de Sant Agustí del Raval para reunirse con medio millar de voluntarios que atienden a sectores vulnerables. Allí, tras responder las preguntas de un niño de seis años llamado Renzo, el líder católico arremetió contra "la soledad triste" de la vejez, exigiendo a la sociedad no normalizar el desamparo de los ancianos: "Aunque no sean nuestros propios abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos".
La jornada en Barcelona concluyó con el encendido de la imponente cruz de la Torre de Jesucristo, la cual brillará de día reflejando la luz del sol y de noche iluminando las costas del noreste de España, consagrando el fin de una jornada histórica para el catolicismo y la arquitectura universal.
