Tras noches expuestos a la lluvia y al sol implacable, tener una cama donde recostarse se siente como un regalo caído del cielo. En medio de la dureza del camino, ese pequeño refugio se convierte en un privilegio que pocos valoran.
Tras noches expuestos a la lluvia y al sol implacable, tener una cama donde recostarse se siente como un regalo caído del cielo. En medio de la dureza del camino, ese pequeño refugio se convierte en un privilegio que pocos valoran.