La crisis en la Franja de Gaza está lejos de terminar, debido a que las personas desplazadas por la guerra iniciada por Israel el pasado 7 de octubre de 2023 tras la incursión de grupos de terroristas de Hamás, ha provocado una crisis humanitaria que se agrava por la pérdida de acceso a agua potable.

Hace unos meses, algunas personas en un campamento de refugiados debían recolectar el agua de la lluvia de los techos de plástico de sus tiendas de campaña. Ahora, otro grupo debe sobrevivir con agua de mar.

“La usamos para beber”: Desplazados en Gaza recolectan agua de lluvia para sobrevivir

Sacan agua de un pozo en Rafah, Gaza

La familia Al-Najjar debe hacer filas hasta por dos horas para conseguir un poco de agua, la cual es extraída de un pozo que cavaron, pero dicho líquido está salado y no es adecuado para el consumo humano.

Abu Mohammed, desplazado palestino, explicó que un motor ayuda a bombear el agua de un pozo sólo durante una hora, y el resto de personas espera en fila para rellenar sus recipientes.

“Honestamente, esta agua podemos decir que es agua de mar. (...) Cuando lo hacen, la traen aquí y todos usan el agua que está disponible. Es agua salada, claro que no es buena para cocinar ni nada, pero no tenemos elección, es lo que hay”, comentó a la agencia Reuters.

Niños tienen acceso a menos agua de la necesaria para sobrevivir: UNICEF

Niños y jóvenes hacen fila de espera cerca de un tinaco de almacenamiento. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) estima que los niños desplazados en Rafah sólo tienen acceso de 1.5 a 2 litros de agua al día, mientras que el mínimo para la supervivencia es de tres litros diarios.

El joven Yahia Al-Najjar afirmó que debido a la poca higiene por el limitado acceso a agua limpia, enfermedades como la Covid-19 han resurgido y se diseminan “por donde sea”. Además, algunos habitantes mencionaron que hay niños se han enfermado de hepatitis por beber este líquido.

La UNICEF destaca que las autoridades en Rafah ya han detectado un aumento de casi 20 veces el promedio mensual de casos de diarrea entre niños menores de cinco años de edad, así como un aumento de casos de sarna, piojos, varicela, erupciones cutáneas y más de 160 mil cuadros de infección respiratoria aguda.