Este viernes 6 de agosto de 2026 no es un día cualquiera, pues se cumplen 100 días desde que trascendieron las investigaciones formales por narcotráfico de agencias de Estados Unidos sobre la cúpula política de Sinaloa. Desde el gobernador Rubén Rocha Moya, hasta alcaldes y senadores como Enrique Inzunza.
Así es como Morena se envuelve en la bandera de soberanía para defender narcopolíticos
La estrategia de Morena para desviar la atención del caso Rubén Rocha Moya
El oficialismo no solo ha logrado frenar cualquier indagatoria interna contra sus miembros, sino que ha puesto en marcha un sofisticado manual de sobrevivencia mediática. La estrategia de Morena para proteger la estructura sinaloense no consistió en desmentir con pruebas los señalamientos, sino en desplazar gradualmente la narrativa, apostando al cansancio de la opinión pública y desgastando la indignación social hasta convertir la sospecha en "normalidad".
- Primera etapa: La negación absoluta y acusación de "montaje mediático"
Fue un 29 de abril cuando Rubén Rocha Moya y otros 9 políticos sinaloenses fueron acusados formalmente por la justicia de Estados Unidos por delitos relacionados con el narcotráfico. Desde el primer minuto, la dirigencia de Morena marcó la línea oficial: calificar las acusaciones como "ataques de la oposición" e "intromisiones de agencias extranjeras". Esta trinchera política permitió blindar la figura de Rubén Rocha Moya y de Enrique Inzunza ante la base militante, convirtiendo el respaldo de varios integrantes del partido en un examen de lealtad antes de que cualquier expediente avanzara.
No pasó ni un día para activar la contención mediática, pues tanto Rocha Moya como Enrique Inzunza y otros de los acusados salieron a rechazar "categóricamente y absolutamente" las imputaciones horas después a través de sus redes sociales.
Rubén Rocha Moya fue el primero en señalar que las acusaciones no solamente eran un ataque a una sola persona, sino a todo el movimiento de la Cuarta Transformación e incluso a la "soberanía nacional".
Rechazo categórica y absolutamente las imputaciones formuladas en mi contra, por la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York, ya que carecen de veracidad y fundamento alguno. Y así se demostrará, con toda contundencia, en el momento oportuno.
— Rubén Rocha Moya (@rochamoya_) April 29, 2026
Este ataque no es únicamente…
- Segunda etapa: Señalar a agencias extranjeras
Cuando la presión mediática y diplomática aumentó tras la difusión de los señalamientos de la Fiscalía Federal en Nueva York, Morena ajustó su estrategia de contención. La estrategia dejó de concentrarse en únicamente desmentir los hechos y pasó a cuestionar la legitimidad y los métodos de las agencias de inteligencia y procuración de justicia de Estados Unidos.
En este tramo de la crisis, la narrativa de Morena buscó envolver la protección a Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza bajo la bandera del nacionalismo y la defensa de la soberanía, convirtiendo un señalamiento por presuntos nexos con el crimen en una supuesta intromisión ilegal del gobierno estadounidense en la política interna de México.
A partir de esta etapa es que tanto Enrique Inzunza y Rubén Rocha Moya comenzaron a evitar apariciones públicas y declaraciones a medios de comunicación, utilizando la famosa técnica del avestruz.
- Tercera etapa: El argumento de "esperar pruebas"
Cuando la narrativa del "ataque a la soberanía" comenzó a desgastarse frente a la insistencia de la prensa, la oposición y agencias estadounidenses, el oficialismo replegó sus líneas de defensa hacia una trinchera más técnica y burocrática: la trampa del debido proceso y la omisión institucional. Es decir: la supuesta "falta de pruebas".
En esta fase, la indicación desde las cúpulas del partido fue clara: no engancharse en discusiones éticas ni políticas, sino exigir pruebas claras a las agencias de EU para congelar cualquier intento de indagatoria interna mediante el partido e incluso desde la FGR.
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Como la FGR no tenía carpetas abiertas en México contra la cúpula de Sinaloa, no había delito que perseguir; y como no había expedientes, el partido no tenía motivos para fiscalizar ni sancionar a sus militantes.
- Cuarta etapa: Apuesta al desgaste y al olvido
Esta es la última estrategia de Morena: apostar al desgaste mediático y al olvido. La consigna no fue desmentir las acusaciones ni ofrecer nuevas respuestas, sino retirar el tema de la conversación pública hasta que la inercia diaria de la agenda nacional terminara por sepultarlo. Es decir: evitar dar declaraciones del tema, nombrar a los políticos involucrados con el narcotráfico y enfocarse en otros ámbitos.
Al llegar al día 100, el éxito de la estrategia del avestruz resulta evidente. Sin haber presentado un solo peritaje de deslinde, sin haber abierto una indagatoria interna en la FGR y sin una sola sanción, Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza continúan sin cargos y con una protección blindada por parte de Morena.
